Georges-Auguste Leschot, contratado en 1839 como ingeniero de producción, revoluciona las técnicas de fabricación relojeras adaptando el pantógrafo a las exigencias de la actividad.

Gracias a este instrumento fue posible copiar en serie y de forma mecánica algunos de los componentes del reloj, en lugar de hacerlo manualmente, lo que convirtió a Vacheron Constantin en uno de los precursores de la era industrial.